El sol y la muerte, dicen, nadie puede mirarlos de frente,
pero la distorsión sin nombre que pulula en el reverso mismo
de lo claro, agitándose confusa como en los planos
sin fondo y cada vez más
sombríos de un espejo apagado y móvil,
todo el mundo prefiere ignorarla, dejándose mecer por la
apariencia espesa y brillante de las cosas que, por carecer de una nomenclatura
más sutil, seguimos llamando reales.

No hay comentarios:
Publicar un comentario