16.9.10

El sol y la muerte, dicen, nadie puede mirarlos de frente, 
pero la distorsión sin nombre que pulula en el reverso mismo 
de lo claro, agitándose confusa como en los planos 
sin fondo y cada vez más 
sombríos de un espejo apagado y móvil,  
todo el mundo prefiere ignorarla, dejándose mecer por la 
apariencia espesa y brillante de las cosas que, por carecer de una nomenclatura 
más sutil, seguimos llamando reales.

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